Son 20 (¡veinte!) años aguantando la testarudez y el materialismo de alguien cuyo egoísmo sentenció su vida en la más mísera de las condenas: la soledad. Él tiene muy claro que no va a cambiar por nada ni por nadie. Sabe que su carácter lo dejará tarde o temprano sumido en lo más profundo de las tragedias, el verse rodeado de nada, con nadie, y ni siquiera hace ningún ademán por impedirlo. Últimamente viajó a el país de los habanos, encontrando allí lo que todos los de su entorno temíamos que lo enganchase: una fémina sumisa, esclava de su cariño. Tiempo faltó para redactarle una carta de invitación por un periodo de tres meses.
Son tantos y tantos los numerosos detalles despreciativos que me ha hecho...son tantos los rencores que guardo en lo más adentro de mí. Supongo que es muy ruin escribirlos aquí, tras el escudo de mi nickname, pero es que realmente son ya tantas cosas que me cansan, que llega un momentos en que las ganas para exteriorizarlas se han agotado en esta lucha que llevo desde que tengo uso de razón.
Para muestra un botón: después de un año con el sueldo base de mozo de almacén, desempeñando labores de encargado, comercial y llevando todos los asuntos del dpto. de compras, además de ofreciendo todos mis conocimientos de SAT telefóncio 8 horas al día, y cumpliendo horas extras no remuneradas prácticamente todos los días, ya tocaba un cambio, así que negocié con él un cambio tanto en mi salario como en la categoría profesional. Después de varias irregularidades observadas en mi contrato y corregidas después conversaciones mantenidas personalmente con la gestoría, llegó el momento de cobrar la primera nómina. O no. Ante el impacto económico que ello suponía, sutilmente procedió a prácticamente duplicar la cuota mensual preacordada unos 4 meses antes por el coche que yo le pagaba religiosamente. A cuadros me quedé. Para qué discutir, no tengo fuerzas ya...mientras tanto seguiré trabajando hasta la noche, y cobrando al fin y al cabo, lo mismo que cobraba antes.
